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El cortijo malagueño de Cervantes

Era la Casa de Postas en la que hacía noche el escritor en sus tiempos de recaudador de impuestos por Andalucía. Levantada a los pies de la Sierra de las Nieves, la Antigua Venta San Antonio conserva intactos esos ecos de antaño.

Antes que alumbrar El Quijote, Miguel de Cervantes hizo casi de todo. Desde soldado a contable, sirviente de cardenales en Roma o recaudador de impuestos por tierras de Andalucía para sufragar los costes que acarreaban las guerras de la Armada Invencible allá por el siglo XVI. Hasta dicen que se quedó con parte del dinero público cobrado. Pero ésa es otra historia…

La que nos ocupa va de las noches que pasó el literato alcalaíno haciendo parada y fonda en casas de diligencia mientras ejercía de inspector de Hacienda. Como ésta situada en la carretera que une Málaga con Ronda y Sevilla, según relatan las crónicas. Nombre concreto: Antigua Venta San Antonio, una casa de postas en toda regla situada a los pies de la malagueña Sierra de las Nieves, a un paso de parajes naturales como el del recientemente reestrenado Caminito del Rey, considerado, a principios del siglo pasado, uno de los senderos más peligrosos del mundo. Málaga capital, en cambio, no está a más de media hora en coche.

Los viajeros del Romanticismo

Cervantes no fue la única celebrity de las de antes que dormitó en este edificio. También lo hicieron los viajeros británicos del Romanticismo y la emperatriz Eugenia de Montijo, de camino al balneario del municipio Carratraca, famoso por sus aguas termales. La estructura al más puro estilo «cortijo andaluz», con sus paredes blancas encaladas, sus tejas exteriores, sus techos de vigas, sus arcos de piedra y su suelo empedrado, sigue siendo prácticamente la misma, pese a haber pasado más de tres siglos desde su construcción. Aun así, sufrió una importante remodelación en 2003.

Sin embargo, el patio central con su antigua fuente y su antiguo pozo, a los que acudían a beber viajeros y animales, sigue en pie convertido en un popular escenario para bodas. No faltaban entonces tampoco dos generosos comedores, uno para alojarse los pasajeros y otro, para los caballos. Y es que por aquí pasaban viajeros de toda clase, empezando por el citado Cervantes, pero sobre todo conductores de diligencias y mensajeros que tenían que llevar las buenas (o malas) nuevas a su destino.

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Ajoblanco, jamón y gachas

De épocas lejanas son los arados y demás aperos de labranza, las señoriales sillas, las tablas de los carruajes de caballos reconvertidas en puertas desperdigadas o los toneles de madera desperdigados por los pasillos que conducen a las 15 habitaciones, en la segunda planta. No en vano, puede hablarse de un nutrido Museo Rural, al que se han incorporado piezas más modernas como máquinas de coser o pianos. Las habitaciones, sobrias y elegantes, reproducen el modo de vida tradicional, con sus muebles de materiales nobles, sus enormes doseles, sus mármoles en el baño y sus clásicos azulejos.

La Antigua Venta San Antonio también destaca por su gastronomía, más autóctona y casera imposible, que se devora en el comedor donde estaban las caballerizas. Allí, en el restaurante Casa Paco, inaugurado en 2001, caben 200 personas. Luego estaría el salón privado para 28, que ocupa la antigua cocina y al que no le falta un horno con solera. Sólo una muestra del homenaje que puede darse: berenjenas con miel, surtido de ibéricos, migas, callos, ajoblanco, porra antequerana… Y rabo de toro, solomillo de cerdo extra envuelto en hojaldre con salsa a la naranja… De postre nos quedamos con el puding de San Antonio o la mousse de gachas.

 

texto compartido de http://www.ocholeguas.com/2015/04/06/hoteles/1428339707.html